Categorías

Lo más visto

La Magia de Rodar en Dos Ruedas

La primera vez que me enfrente a una moto tenía 18 años recién cumplidos y estaba entrando a la universidad. Recuerdo mucho que estaba nervioso pues estaba recogiendo mi primera adquisición luego de haber heredado un dinero por la muerte de mamá. Sin nada de experiencia, y con más irresponsabilidad que sentido común, salí manejando muy precariamente del concesionario, tras tomar unas cortas clases que me habían dado en una pequeña FZ-50.

Luego de años de experiencia y de haber pasado por varios países y haber mudado de motos, regrese a mi Colombia con mucha emoción. Nuevamente estaba evaluando qué tipo, marca y cilindraje de moto comprar, no fue difícil, pues si algo identifica nuestra sangre motera es tener claro cuál es el estilo de moto que se adecua a nuestro estilo de vida.

Después de evaluar marcas americanas, alemanas, italianas entre otras, me decidí por una japonesa de alto cilindraje, si, decidí lo clásico sobre la electrónica. Y en particular, la toma de la decisión fue más fácil cuando me puse el firme objetivo de conocer mi país a través de los ojos de un motero. Por que para nuestra raza, lo que importa no es el destino, sino es el camino.

Hoy quiero compartir con ustedes una de mis rutas y aventuras preferidas partiendo desde la capital. Consiste en el trayecto Bogotá-Honda. Y es que esta ruta tiene mucha sazón: diferentes pisos térmicos evidenciados en temperaturas que van desde los 10 a los 40 grados centígrados en carretera!!!, montañas, ríos, valles, hermosos paisajes y curvas por doquier, que logran que hagas unas sola conexión entre el ambiente y tu máquina, cualquier que esta sea.

Y es que no se trata de una ruta de alta velocidad, aunque haya trayectos donde quieras exigirle mas RPM a tu motor. Se trata de una ruta para disfrutar, donde cuentas con buenos trayectos en doble calzada, y donde puedes parar a deleitarse en cualquier momento de las delicias de la gastronomía y paisajes que nos acompañan. Recordemos que la seguridad nuestra es primero.

Mi recomendación es salir temprano de Bogotá, pues la salida es por el occidente de la capital, principalmente por la calle 80, una vía caótica, generalmente repleta de autos, camiones y buses que buscan atender las necesidades de movilización en esta zona de la ciudad. Otra opción si estas en el norte, consiste en tomar la ruta Chía-Cota (RN-21) que si bien tiene varios kilómetros más, ahorra tiempo y disminuye el stress en nuestro viaje. Nos separan algo más de 150 kilómetros a nuestro destino final, la hermosa población de Honda.   

Nunca viajo solo, siempre con mi “partner” de ruta y copiloto de vida, mi esposa. Ella re-potencia la experiencia y la aventura de viajar en dos ruedas por Colombia, pues complementa y me ayuda a mirar las cosas desde otras perspectivas. Y aquí viene mi segunda recomendación, encuentre esa persona o personas favoritas para disfrutar de trayectos cortos o largos por la vida, o incluso hacer más llevaderas las vías destapadas que pueden en algún momento incomodarnos o incluso hacernos daño. Pero no nos desviemos, volvamos a la ruta.

Saliendo por la 80, Bogotá te dará la despedida el monumental Puente de Guadua, una de las más grandes estructuras de este material en el mundo, que cubre tanto la entrada como la salida de la capital. Si sales por la ruta Chía-Cota llegarás a la glorieta de Siberia, donde empataras con la ruta Bogotá-La Vega (R-50).

Continuamos rodando a través de una de las zonas industriales más importantes, que soportan la economía de la Sabana. Y es que en esta zona se encuentran a lado y lado muchos restaurantes para desayunar, almorzar o comer trancao, pues desde aquí hasta el Alto del Vino, prevalece la fritanga y la bandeja paisa en su mayor esplendor. Las fresas con crema, las almojábanas y el agua de panela con queso, también hacen parte de este repertorio gastronómico, en un clima que puede estar fácilmente por debajo de los 10 grados centígrados.

El Alto del Vino es considerado una de las rutas predilectas de nuestros escarabajos colombianos, ya sea saliendo o llegando a la capital, por eso es importante tomar precaución y distancias apropiadas con los ciclistas.  Empezamos a descender y vemos como la Cordillera Oriental nos muestra toda su majestuosidad, un tramo donde la vía que antes era plana y llana, ahora esta llena de curvas e inclinada.

A los 60 kilómetros encontramos La Vega, una pequeña población que se caracteriza por su turismo ecológico, donde predominan los parques naturales, lagunas y cascadas. Si lo tuyo es la naturaleza, no te pierdas La Laguna de Tabacal con su misteriosa isla flotante, la extraordinaria variedad de flora y fauna, y las leyendas que adornan y dan un especial misterio a este sitio. De vuelta en la moto, y aunque seguimos rodando por doble calzada, es recomendable bajar la velocidad y estar atentos a cualquier imprevisto, pues básicamente la Ruta atraviesa la población por la mitad.

La siguiente parada recomendada es la población de Villeta. Y es que aquí se respira dulzor, sabor y patria. “La Ciudad Dulce de Colombia” debe su apodo al intenso cultivo de la caña de azúcar, con la que se produce la panela; un producto que está tan arraigado en la cultura de Villeta, que en enero del 2019 celebraron los 42 años del Reinado Nacional de la Panela.  Con este antecedente, era muy difícil no parar a entender el proceso y a disfrutar de una buena agua de panela fría o caliente según su gusto.

Antes de seguir rodando, ya se siente un clima diferente, dejamos atrás el frío y es momento de aligerarse de ropa, o de abrir las chaquetas de seguridad para permitir una aireación adecuada en la ruta. 33 kilómetros más adelante, nos encontramos con la población de Guaduas, uno de los principales centros históricos de Colombia, declarado monumento nacional.

 

Personalmente pienso que es una de las paradas obligadas para estirar piernas, tomar un buen almuerzo y conocer alguno de sus sitios históricos y turísticos. Guaduas es una población con mucha cultura, en donde aún se encuentran calles adoquinadas y donde los amantes de la historia pueden visitar la Catedral de San Miguel Arcángel, la casa Museo Policarpa Salavarrieta, sitio de nacimiento de nuestra heroína más conocida como La Pola, y el Convento de la Soledad, sitio que albergó nuestros próceres de la independencia.

Después de disfrutar de un buen almuerzo en la Plaza de Guaduas, retomamos nuestra travesía y a unos pocos kilómetros nos encontramos con una bifurcación, la vía de la derecha, es la Ruta Del Sol, que te lleva a otra aventura: Medellín. Así que continuamos por la ruta de la izquierda para buscar nuestro objetivo final: Honda.

Poco más de 35 km después de nuestra última parada encontramos nuestro destino. Honda se encuentra enclavada en el borde del Río Magdalena, el cual divide los departamentos de Cundinamarca y Tolima. Hay una gran diferencia entre Honda y el resto de poblaciones que encontramos en esta ruta, si bien es cierto, Honda es un hermosísimo pueblo, tiene un espíritu totalmente diferente a lo recorrido hasta ahora, así que nos disponemos a averiguar que la hace diferente al resto de sus poblaciones vecinas.

Descargamos nuestras maletas y tomamos la cámara para intentar registrar esa energía. Para empezar nos encontramos que la ciudad fue erigida en la confluencia de dos importantes ríos: el Magdalena y el Gualí, lo cual hace que tenga una gran cantidad de puentes y que su economía, cultura e historia gire alrededor de los ríos. Es por lo anterior que decidimos probar los pescados que son tan famosos en épocas de subienda y que surten no solo a los alrededores de Honda, sino también a la capital. El capaz, bocachico, la mojarra y el bagre en diversas presentaciones son los más ofertados en los restaurantes a la orilla del Río Magdalena. Pero sin duda mi preferido fue el viudo de capaz, el que me dejó sin aliento, y mi gran recomendado.

Las calles coloniales de Honda, no tienen nada que envidiarle a las calles de la ciudad amurallada de su hermana mayor Cartagena. Son mágicas, hermosas y llenas de colores, que se identifican con nuestro sabor y con nuestra historia. Es realmente fascinante caminar a través de estas hermosas calles empedradas y sentir como el tiempo en estos lugares se congeló en los 1800. Honda es sin duda un paraíso natural, patrimonio histórico de Colombia, guardando un pasado lleno de leyendas y gloria, con un desarrollo creciente en la industria del turismo.

Y es justamente esto último lo que nos cautivo en Honda, encontrar hoteles boutique que mezclan la arquitectura colonial, con la comodidad de los tiempos modernos. Y la cereza del postre la pone su gente, con una total disposición a ayudarnos, a guiarnos en este proceso de explorar Honda y descubrir su magia.

Este es sin duda uno de mis destinos favoritos, de mayor descubrimiento, de amor por mi patria, de una ruta llena de historia, cultura, paisajes y buena comida; y como olvidar su gente, su amabilidad y sabrosura que nos vuelve tan únicos y diferentes del resto de nuestros hermanos americanos. Vamos por más!!, hay que seguir rodando por Colombia y descubrir que vivimos sin lugar a duda en un hermoso paraíso. Y qué mejor que al lado de mis otras dos pasiones, mi copiloto y mi moto, hasta la próxima.

  • HUBERTO RENE ALBAN ESCOBAR
    29 Junio, 2019 at 5:08 pm

    No sólo me encanto el título “LA MAGIA DE RODAR EN DOS RUEDAS”, me llamó la atención del “DETALLE” del recorrido desde la salida, la posición geográfica de la ciudad y sus ojos puestos en la carretera , pero también en lugares de interés para los viajeros que Ruedan en Cuatro Aros de Hierro y Caucho retroalimentados de buena presión de aire y cuidado en sus desplazamientos. Los sitios de las diferentes ventas desde un buen desayuno variado, más adelante las fresas con cremas o las deliciosas almojábanas que bien las podemos acompañar con agua de panela o simplemente una de tantas y agradables bebidas o simplemente un sabroso y agradable tinto de nuestras regiones. Nos deja entrever que su recorrido hecho con la aplicación de las medidas de Seguridad Vial, hacen al final del trayecto, que nos sintamos felices por lo visto y aprendido de la Naturaleza Divina y por la Creatividad del Ser Humano en la Aplicación de los elementos de nuestra Naturaleza para el BIEN general de los Habitantes de cada Rincón del País. Nos enseña que si podemos dirigirnos de nuestro punto de residencia a cualquier lugar de la geografía de nuestro Territorio con la Seguridad de que nuestros movimientos son seguros para nuestro bien y el de Terceros.

    • Paula Villate
      30 Junio, 2019 at 3:23 pm

      ¡Muchas gracias por los comentarios!, esperamos que siga disfrutando de nuestra Tierra Querida Magazine!

Leave Your Comment

Your email address will not be published.*